Recuerdos de arena

Gracias a él recupero estos días la fascinación que de niño me provocaban los lugares encantados, como los bosques. O como el mar. Hoy, mientras él jugaba en la orilla de la playa a enterrar y desenterrar una piedra en la arena, yo lo observaba y recordaba aquella vieja historia, probablemente más mito que realidad, que me contó entonces mi madre. Andaba San Agustín paseando por la playa, tratando de comprender el misterio de la Santísima Trinidad cuando vio a un niño que, con una pequeña concha, sacaba el agua del mar y la echaba en un pocito en la arena. ¿Qué haces, niño?, le preguntó. Estoy sacando toda el agua del mar para vaciarlo y meterlo en este pocito, le dijo el niño. Pero, ¿no te das cuenta de que eso es imposible?, replicó san Agustín. Agustín, le dijo el niño, es mucho más fácil que yo logre hacer esto a que tú llegues a comprender alguna vez el misterio de la Santísima Trinidad.

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El desencuentro

Julia tiene razón. Últimamente parecemos dos bloques enfrentados. No nos ponemos de acuerdo en nada. El último episodio de nuestra innegable crisis ha sido la actitud tan diferente que hemos tenido con Eva, la amiga imaginaria de Nuria, nuestra hija. A pesar de que el psicopedagogo tratara de tranquilizarnos asegurándonos que a su edad es normal, o que incluso es hasta una revelación positiva ya que los niños con amigos imaginarios suelen ser más creativos, con más empatía y mejores habilidades lingüísticas, Julia sigue preocupada. Sigue leyendo “El desencuentro”

La carta

Querido amigo:

Qué raros somos los humanos. Lo digo por esa sorprendente capacidad que tenemos de cosificar a las personas y de personificar, en cambio, a las cosas. Tú, sin ir más lejos, eres un piano. Un complejo instrumento musical. Un teclado, como único paisaje visible, y unas  cuerdas ocultas dentro de una caja de resonancia. No eres más. Y sin embargo, aquí estoy yo, escribiéndote una carta (como si pudieras leerla), dirigiéndote unas palabras. Diciéndote definitivamente adiós. Sigue leyendo “La carta”

El regreso

Solo él llamaba así a la puerta. Por eso no tardó dos segundos en saltar de la mecedora y encaminarse a la entrada con una extraña sensación de esperanza. A cada paso que daba,su corazón más se aceleraba. Cuando abrió, se encontró frente a ella  a un remedo de su Luis: más flaco, con barba poblada y descuidada, vestido con un uniforme sucio y holgado y el brazo izquierdo en cabestrillo con el antebrazo cruzado sobre el vientre. Por su mirada, por la hondura de sus ojos, por el fulgor profundo que percibió en ellos, lo reconoció. Y le dio igual que estuviera vivo o muerto.  Era él y allí estaba. Sin pensarlo dos veces, se abalanzó hacia él, lo abrazó con todas sus fuerzas y lloró desconsoladamente sobre su hombro sano. Él se limitó a acariciarle el cuello con su mano derecha, de forma lenta e insistente, como a ella tanto le gustaba. Sigue leyendo “El regreso”

Espacio, tiempo y silencio

Nadie me ha mostrado esta ciudad como él. Y ninguna otra, también. Aquí y en otras islas. Incluso en la península. A través de la observación me mostraba la realidad. Y la realidad, es la puerta de los sueños, aseguraba. Por el día, la ciudad no es de nadie. Es tan solo un continuo trasiego de personas que vienen y van. Pero de madrugada, todo cambia. Entonces la ciudad te pertenece a ti. Solo a ti, decía. Así me aficioné a caminar por los espacios habitados mientras todos dormían. Y así descubrí que esta ciudad, mi ciudad, es espacio, tiempo y silencio. Sigue leyendo “Espacio, tiempo y silencio”

La ventana

Me detuve por la música. No sabía de dónde procedía, así que miré al derredor buscando el origen de aquellos misteriosos acordes. Hasta que mis ojos se fijaron en la ventana entreabierta. La melodía procedía de allí. Quien tocaba el piano estaba tras esas paredes y permitía que la música escapara de la estancia por el hueco abierto de la ventana. No sé cuánto tiempo permanecí allí, en medio de la calle, hipnotizado, atraído por esa interpretación tan prodigiosa y espontánea. Obnubilado, miraba a la ventana hasta que descubrí los primeros rayos de sol extender su resplandor por encima de la casa. Me pregunté quién más en el mundo disfrutaría de este amanecer tan maravilloso. El zumbido insistente del móvil cortó mi embeleso.  Al otro lado de la línea, el compañero con el que compartía coche cada mañana para ir al trabajo me preguntaba por mi retraso inesperado. Cuando colgué, flotaba en el aire un silencio desesperante. El piano se había callado. Sigue leyendo “La ventana”

Presentación de Antología de un comienzo

(Texto escrito para la presentación, el jueves 9 de marzo, de Antología de un comienzo, de Cristo Saavedra)


Gracias por escribir, Cristo. Por contar historias. Por comenzar. Yo creo que lo mejor de la vida está en los comienzos. Piénsalo: solo puedes escribir tu primer libro una vez. Cesare Pavese, en El oficio de vivir aseguró que  la única alegría del mundo es comenzar.  Y este libro es tu comienzo. Enhorabuena. Y en hora buena porque nunca es tarde para empezar escribir, aunque ahora que eres escritor sabrás que vas a tener que demostrártelo todos los días. Sigue leyendo “Presentación de Antología de un comienzo”

¿Qué cambia cuando cambiamos la forma de percibir, recorrer y pensar nuestros paisajes?

Jornada / Reflexión ” Conciencia ecológica, un asunto de cuidado y cercanía”. Centro Atlántico de Arte Moderno, Las Palmas de Gran Canaria, 13 de abril de 2016

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Soy geógrafo y vivo consumiendo paisajes. Es decir, considero al paisaje como un alimento que satisface mis necesidades y mis deseos.

Ahora miro hacia atrás en el tiempo y me veo con apenas diez años sentado en una banqueta en mi casa completamente abducido por las maravillosas fotografías que ilustraba un viejo atlas del mundo. Sinceramente, no sé qué fue de ese Atlas pero en mi recuerdo aún perduran aquellos soberbios paisajes que mostraban sus páginas: la Tierra vista desde el espacio, las huellas del primer astronauta en la superficie de la Luna tras caminar por el Mar de la Tranquilidad, los lagos y los bosques de coníferas de Canadá, el sinuoso tránsito del Amazonas, el Sáhara, el Ártico, la sabana, los arrozales del sudeste asiático, el Fujijama. Allí estaban reunidos los grandes paisajes del planeta, paisajes que me resultaban fascinantes pero más útiles para mis ensoñaciones que para la realidad. Eran los paisajes del mito, el lugar sublime y recóndito en el que vivían mis héroes infantiles. Sigue leyendo “¿Qué cambia cuando cambiamos la forma de percibir, recorrer y pensar nuestros paisajes?”

Extimidad

Descubro hoy en un artículo excelente una palabra que no había leído ni oído jamás: extimidad, que viene a ser algo así como la intimidad exterior.
Parece ser que el auge de las redes sociales no sólo modifica conductas sino que también crea nuevas palabras.
Me pregunto, a raíz de la lectura del artículo si lo que realmente mueve el mundo es la búsqueda de la felicidad o saciar ese hambre voraz que siempre tiene la vanidad.

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